En Europa, los accidentes
por actividades humanas provocan más víctimas mortales
y pérdidas económicas que los naturales. A pesar de
los niveles generales más elevados en tecnología y seguridad,
el número de accidentes industriales sigue aumentando
y sólo en 1997, se produjeron 37 accidentes de gran
envergadura en Europa.
Prueba de ello son las recientes tragedias como la
explosión de AZF en Toulouse, pero también otros desastres
como el de Puertollano, el derrumbe del vertedero de
Bens, el desastre ecológico de Doñana... Se necesita
mucho esfuerzo y voluntad para poder disminuir esta
tendencia.
Además, la falta de información, de transparencia o
de diálogo suscita el llamado síndrome NIMBY ("Not In
My Back Yard") entre los ciudadanos, favoreciendo la
aparición de conflictos medioambientales entre ciudadanos,
municipios y empresas. Nadie quiere correr el riesgo
de sufrir un desastre ambiental en su casa.
Prevenir es, ante todo, conocer: conocer con
profundidad las causas, soluciones, desarrollo de pasadas
catástrofes y conflictos, y aplicar las tecnologías
adecuadas.
Prevenir es, también, reducir: minimizar los
riesgos de accidente o de conflicto, pasando, entre
otros, por sistemas integrados de gestión.
Además, prevenir es informar: asegurar la transparencia
de la información ante los ciudadanos, así como establecer
un diálogo de manera a tener en cuenta la opinión de
los afectados de manera participativa, y clarificar
los riesgos a través de auditorías, por ejemplo.
Así, fomentar la prevención implica el disponer de
una estructura que recoja las diversas experiencias
en conflictos y catástrofes ambientales a nivel mundial,
con el fin de poder compartir las conclusiones y resultados
y prevenir riesgos. Esto es lo que se propone ATEGRUS
y RBI-INESE organizando este I Congreso Internacional
de Prevención de Conflictos y Desastres Medioambientales
(PRECEDES). |